Problemas en el embarazo

En la mayoría de las ocasiones el embarazo es una etapa plena y feliz para la mujer y su pareja, que esperan felices la llegada de su bebé.

En otros casos, sin embargo, esta etapa puede desencadenar síntomas de depresión hasta en un 10% de las mujeres. Puede haber una predisposición genética para ello y también la influencia de las hormonas del embarazo o los problemas económicos y de pareja que puedan surgir durante el mismo. El miedo a perder al bebé después de una larga búsqueda o el riesgo de que éste tenga una malformación tras las primeras pruebas también son factores desencadenantes de estrés, ansiedad y depresión.

Embarazos de riesgo

 Son embarazos de riesgo aquellos en los que ha habido una pérdida anterior, hay hemorragias, embarazos múltiples, enfermedades asociadas… en todos ellos existe miedo a que el bebé no prospere con normalidad. Este miedo es común a todas las embarazadas, pero en estos casos el temor el mayor.

La ansiedad que esto provoca se ve empeorada porque en muchos casos el médico recomienda reposo. Durante el mismo, la mujer tiene mucho tiempo para pensar y pocas cosas que hacer. Ve interrumpida su actividad familiar, social y laboral bruscamente y todo esto facilita un estado anímico bajo.

Es importante buscar actividades tranquilas y placenteras como leer, escuchar música o hacer una cena especial con la pareja (aunque ésta sea sin moverse del sofá). Ayudarán a mantener la cabeza ocupada y a comunicarse positivamente con el bebé.

Si los síntomas ansiosos o depresivos persisten, es aconsejable pedir ayuda profesional. El psicólogo le enseñará técnicas de relajación y facilitará la expresión de temores y sentimientos negativos. Puede servir como puente de comunicación con la pareja, la familia y el médico, y acudir a su domicilio si el reposo le impide acudir a la consulta. En casos graves, el médico deberá prescribir además la medicación adecuada.

Pérdida de un embarazo.

Cuando una mujer embarazada pierde a su bebé atraviesa un proceso de duelo de la misma manera que lo hace cualquier persona que pierde a un ser querido. La dureza del mismo dependerá de muchos factores: tiempo del embarazo, la existencia o no de otros hijos, el tiempo esperando embarazarse…

Sin embargo, muchas veces este proceso puede ser más difícil que cuando se pierde a otro ser querido porque:

 - Es más difícil elaborar el duelo de alguien a quien no se vio ni tocó. Algunas mujeres prefieren ver a su bebé muerto, otras no; y además, esto no es siempre posible. El sentimiento de vacío puede no ser comprendido por familiares y amigos que no conocieron a ese ser con el que la madre sin embargo se relacionó de una forma muy estrecha.

- La sociedad no permite expresar el dolor que se siente. Si ya el tema de la muerte es un tabú poderoso en nuestra cultura, lo es más todavía respecto al aborto, como si no hablando del bebé éste no hubiera existido.

- Pueden aparecer sentimientos de culpa por lo que se hizo o se dejó de hacer durante el embarazo. Son sentimientos comunes aunque carezcan de base alguna.

Las etapas que se atraviesan son las mismas que en otros procesos de duelo, y es importante pasar por ellas para llegar a superar lo ocurrido. Las fases son:

- Negación e incredulidad: es pronto para “digerir” lo ocurrido.

- Dolor: puede ser muy profundo puede ir acompañado de ira hacia Dios, hacia los médicos y hacia uno mismo.

- Culpa: hay que reconocer este sentimiento como natural.

- Aceptación.

Finalmente, una vez asumido lo ocurrido, el recuerdo del bebé quedará guardado en la mente y el corazón de sus padres para siempre, pero se recuperarán la ilusión y la esperanza en el futuro.

  La duración del proceso puede ser variable en cada persona, pero cuando se siente que queda atrapada en las primeras etapas sin superarlas en conveniente consultar al especialista.